La presencia del hombre en la ciudad de Alcalá
la Real data del Paleolìtico, los restos más
antiguos se han encontrado en la torre de la Dehesilla
y Los Cipreses en la zona sur. Restos de estas época
los podemos encontrar en la sala arqueològica
de la fortaleza de la Mota.
En el Cerro de San Marcos se han localizado cuevas
sepulcrales que datan de la época del Eneolìtico.
También son numerosos los restos aparecidos
en el cerro de La Mesa de la aldea de la Ribera Alta
como puntas de flechas, tumbas, molinos
En cuanto a la etapa íbera, han aparecido
vestigios en el Cerro de la Moraleja, y la Gineta.
De època romana es la figura de un Hércules
de mármol de tipo helenístico hallado
en 1925 en Alcalá la Real y que se encuentra
en el Museo Arqueológico Nacional. Restos de
esta época han aparecido en la zona de la Tejuela,
y la calle Antigua. En el interior de la iglesia abacial
existen sillares de gran tamaño que hacen asegurar
que el cerro de la Mota fue poblado en esta época.
En la villa romana de Fuente Alamo también
se han encontrado restos cerámicos y murarios.
Con la llegada de los árabes Alcalá
fue denominada Qal´at Astalir y Qal´at
Yahsib o Yahsub, siendo más utilizada ésta
última. Qal´at Yahsub
fue ya utilizado en el siglo VIII y simultáneo
al de Qal´at Astalir, hasta el siglo XII.
El nombre de Yahsub, se debe a que en estas tierras
se asentó uno de los grupos yemeníes
himyaríes de la rama Qhatan que llegaron a
la Península con la invasión musulmana
, era el nombre del clan familiar.
A partir del siglo XII, y a raiz de la importancia
política y literaria de los Banu Said, independizados
del poder almoravide, se empieza a conocer Alcalá
como Qal´at Banu Said. Fue interpretada en muchas
crónicas cristianas como Alcalá de Ben
Zaide o BenZayde, incluso después de recibir
la denominación cristiana de Alcalá
la Real, dada por Alfonso XI tras conquistarla definitivamente
al reino nazarí de Granada.
En la fortaleza de la Mota se funden las culturas
musulmana y cristiana. Al estilo hispanoárabe
pertenecen hallazgos como el tesoro de Charilla, el
de Ermita Nueva o la estela sepulcral de la Pedriza.
El 15 de agosto de 1341 tras la entrega solemne
de la villa salieron los sitiados y Alfonso XI mandó
hacer iglesias. Diego López de Haro fue nombrado
alcalde de la fortaleza.
Fueron las relaciones comerciales las que unían
a Alcalá con el reino nazarita. Granada necesitaba
una serie de productos que recibía por sus
puertos de mar y por los de interior entre los más
importantes destacaban el de Alcalá. Debido
a su gran altitud, el puerto de Alcalá dominaba
los accesos a la capital nazarita, visibles desde
la fortaleza de la Mota, donde un gran faro guiaba
durante la noche no sólo a los cautivos que
escapaban de Granada, sino también a mercaderes
y traficantes.
Alfonso XI creó en Alcalá una abadía
secular con territorio independiente y de patronato
regio espiritualizada por Gil de Albornoz, arzobispo
de Toledo. Estas abadías eran monasterios donde
conviven monjes bajo la autoridad de un abad, siguiendo
la regla impuesta por el fundador de la orden. En
las abadías seculares, los clérigos
con su abad no vivían enclaustrados sino como
civiles. Ocupaban un lugar intermedio entre la diócesis
y la parroquia.
El territorio de la Abadía ocupaba Alcalá
la Real junto con Castillo Locubín, Priego
de Córdoba, Carcabuey, Frailes y Noalejo. La
jurisdicción sobre el territorio del abad,
era independiente de toda diócesis, salvo la
de Toledo, sede primada de España. Esta capitalidad
eclesiástica duró cinco siglos, hasta
el Concordato de 1851