La gastronomía alcalaína varía a lo largo del año,
estando muy ligada a la estación del año, por la influencia
de los cambios de temperaturas y los productos "del
tiempo", así como a las distintas fiestas que se van
celebrando.
Así, mientras en verano,
con las altas temperaturas se suele tomar más
el gazpacho fresquito, la pipirrana o el ajoblanco,
en los meses fríos de invierno
es más frecuente preparar un buen cocido, potajes
y otros platos calentitos y "de cuchara",
o bien unas migas hechas al fuego de una buena lumbre,
acompañadas con productos típicos de
la matanza del cerdo, como el chorizo, la morcilla
o los "torreznos", y un vaso de vino del
terreno.
En cuanto a las fiestas, en Navidad,
en todas las casas hay polvorones y mantecados "caseros",
y arresoli para acompañar.
En carnaval suele prepararse,
sobretodo en las aldeas, el relleno de carnaval.
La Semana Santa es muy
rica en cuanto a variedad de platos típicos, como
las chullas, el "encebollao" de bacalao, la tortilla
de esparragos, el potaje de semana santa (garbanzos
y habichuelas con bacalao), el arroz con leche, las
natillas, los pestiños y roscos fritos entre
otros.
A final de abril, para irse "al
cerro", a la romería de la Virgen
de la Cabeza, son típicos los hornazos.
Por las ferias, de junio
y septiembre, se suele tapear en las casetas con jamón,
pinchitos (como brochetas de carne a la plancha),
chorizo y morcilla a la plancha, todo ello con vino,
y terminar las veladas de fiesta con un buen caldo
de pepitoria o unos churros con chocolate.
Es costumbre en Alcalá que en el verano, los amigos
o familiares se vayan a un cortijo a las afueras o
a la sombra de un buen árbol, a preparar una comida
en el campo.
Lo que normalmente se guisa en esos dias, suele ser
un arroz caldoso, un pollo a la secretaria, un choto
al ajillo, unas migas, o unas patatas a lo pobre.
Y para acompañar la comida, se suele preparar
una buena olla de ponche (vino, gaseosa, azúcar, trozos
de frutas, canela, hielo)